Punto y como

Las nuevas campañas contra la obesidad

En espectaculares de la Ciudad de México y otras


ciudades, llaman la atención la campaña contra la obesidad infantil que muestran a una niña con un cono de helado de una bola y a la misma niña, en imagen modificada digitalmente haciéndola más corpulenta, con un cono de helado de tres bolas. El slogan es: “Entre el sobrepeso y la obesidad sólo hay un paso”. Se replica la misma dinámica con un joven y una hamburguesa. En otras ilustraciones hay vientres abultados con tacos al pastor pintados sobre el vientre, cuestionando ¿Cuántos (tacos) te vas a comer?

Por su parte, el IMSS sacó una imagen en redes sociales, en donde de forma caricaturesca, se muestra a dos sujetos con evidente IMC elevado, uno comiendo un hot dog con devoción, y otro, besando su bíceps. El mensaje es: “Megarexia: Negación a la obesidad” Entre los síntomas se señalan: Personas con sobrepeso u obesidad que se perciben en su peso ideal. Se sienten delgadas y saludables a pesar de tener obesidad. Entre sus causas, se señala que no tiene causa específica, pero que afecta a hombres y mujeres por igual. Y como estrategias de prevención, mencionan: “Desde la infancia, con medidas educativas: combatir la negación al sobrepeso y promover la importancia de tener un peso ideal”.

Es evidente que el problema del sobrepeso y obesidad en niños y adultos se ha salido de las manos. Es evidente que las estrategias que hasta hoy se han implementado han tenido poca o nula eficacia. Lo que no es evidente, es que aún no hemos aprendido las estrategias de comunicación del riesgo adecuadas. ¿Qué es lo problemático de estas campañas?

Primero, se retrata en el caso de la campaña del IMSS, a personas con estas condiciones de una manera ridiculizante. Y el tener obesidad, es todo, menos algo de lo que hay que hacer mofa. La estigmatización del obeso es un asunto serio en nuestra sociedad. Cada vez más niños son buleados en la escuela a causa de su sobrepeso u obesidad. El punto sobre la importancia de combatir la obesidad, no es redundar sobre la estigmatización del obeso.


Segundo, en el caso de ambas campañas, se trata a la obesidad como si fuera una cuestión de “comer de más” y de “peso”. El comer de más, es solo una parte de la punta del iceberg. Centrar las campañas solo en la cuestión de la reducción de peso, hace que se tengan percepciones erróneas sobre la importancia del peso como un indicador más (entre muchísimos otros) de la composición corporal. El indicar como estrategia de prevención el combatir la negación al sobrepeso y resaltar la importancia del peso ideal, tiene problemas de fondo y forma. De forma, puesto que el peso no es “un peso” ideal, sino que existe un rango de peso ideal que varía conforme a diferentes condiciones. Y en el fondo, parece que una estrategia de prevención es el qué y no el cómo. ¿Cómo voy a promover en un niño que no haya negación al sobrepeso, si esto siempre lo padece en el bullying escolar?


El centrar las campañas en el número de tacos o en el número de bolas de helado que se come un niño, nos hace comprender que aún no hemos entendido que el problema no se reduce al consumo. Honestamente, los tacos al pastor no tienen la culpa. Como cereza del pastel, tenemos que el citado término “megarexia” no tiene aún una base científica con publicaciones extensas donde verdaderamente se caracterice el dichoso padecimiento, enfermedad, trastorno o como se le quiera clasificar. Es un término acuñado por un nutricionista español que promueve una dieta milagro para bajar de peso. De ese calibre es la seriedad del término. En esta etapa en la que la sociedad todo lo quiere medicalizar, resulta que ahora es un trastorno cuasi psiquiátrico. El medicalizar todo hace que perdamos perspectiva. Un ejemplo de la medicalización, es el incluir la homosexualidad como trastorno psiquiátrico en el Manual de Desórdenes Mentales por el que se rige la práctica psiquiátrica de EU. Hasta antes de 1973 era considerada como una enfermedad. Este es un ejemplo de cómo un hecho social y con implicaciones culturales, encuentra justificaciones para la discriminación en la medicina.


No es que esté en contra de la ciencia. El problema de la obesidad es un hecho. Pero así como se dedican esfuerzos a la realización de campañas, deberíamos de dedicar esfuerzos a la forma en la que se transmiten mensajes, para que éstos efectivamente cumplan su cometido, y no desinformen perpetuando roles disfuncionales, sobre todo, dejando de lado que la obesidad es ante todo, un problema multifactorial.


Publicado originalmente en El Economista el 16 de Agosto de 2017 en su edición impresa.

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